Introducción de alimentos en el bebé

Calendario alimentario infantil

Hemos decidido tener un bebé, formar una familia o simplemente ampliarla. Nuestro pequeño ya ha pasado su fase correspondiente de lactancia, siempre lo más larga posible, y ahora le toca comenzar a probar sabores nuevos.
Se trata de un mundo desconocido y al mismo tiempo fascinante para él y además reúne un gran abanico de diferentes nutrientes que ahora su salud ya necesita. Pero hemos de tener en cuenta que a la hora de introducir los distintos tipos de alimentos en la dieta de nuestro pequeño lo más importante es respetar un calendario concreto que ahora nos detendremos a describir de forma bien detallada.
De esta manera aseguraremos un crecimiento más eficaz del niño, además de lograr un aprendizaje inmune óptimo, eficaz y seguro; libre de posibles alergias o intolerancias en un futuro próximo.


Los padres siempre tienen prisa en este aspecto, además muchas veces nos fiamos de las etiquetas que incluyen los potitos comerciales de bebé, las cuales normalmente marcan un calendario adelantado a lo que sería lo correcto. Y en realidad tendría que ser justamente al revés, mejor dejar pasar el tiempo en exceso que no avanzarnos dentro del progreso, pues alimentos como el pescado azul o el huevo, si no son introducidos siguiendo estrictamente las recomendaciones, pueden generar intolerancias alimentarias que se mantienen de por vida. Así mismo las legumbres en general, y específicamente la soja, son de gran índice alergénico debido a su alta proporción de proteína.

Calendario alimentario desde el nacimiento hasta los 18 meses

— CEREALES —

Se han de introducir a partir del quinto o sexto mes y nunca antes del cuarto.

La parte más energética es el gluten, por tanto se debe comenzar por los cereales libres de gluten como el maíz, el arroz, la quinoa, el trigo sarraceno, el mijo, el amaranto o la avena libre de trazas. En forma de papilla o porridge suave. Al séptimo u octavo mes se va pasando a los cereales con gluten como son el trigo, la cebada, el centeno, cualquier tipo de avena, el kamut o la espelta.

Las papillas pueden prepararse mezcladas con leche adaptada de calidad y un poco de agua en un biberón. Cuanta mayor sea la proporción de cereal por contenido acuoso más engordará al niño, puesto que el pico de insulina producido será más alto, y esta hormona es la responsable del almacenamiento de la grasa en el interior de nuestras células.
Por ello no conviene sobrepasarse por encima de la medida recomendada en la caja de la papilla, según la tabla de edad especificada. Si el niño pide más cantidad, se le puede dar otro poco, pero nunca desde el principio de la toma por decisión propia de la madre.
En conclusión deducimos que lo que nos aportan los cereales son calorías para nuestro hijo.

— FRUTAS —

Se introducen al quinto mes, antes por tanto que la verdura.

Ha de empezarse por los zumos y nunca a base de frutas tropicales sino autóctonas de la zona de residencia en la que nos encontremos. Como por ejemplo la naranja, la manzana, la pera, la uva o la ciruela en el caso de España. Se deben evitar por el contrario las fresas, las frambuesas, los kiwis, los melocotones y los albaricoques. El plátano suele ser bien tolerado, pero no como primera opción dentro de este grupo.

En todo caso debería ser fresca, no procesada ni envasada. También se debe evitar edulcorar los zumos, para ir educando el paladar del niño a sabores naturales y suaves desde pequeño.
Por tanto a través del mundo de las frutas aportamos a nuestro hijo todo un amplio surtido de vitaminas y de minerales.

— VERDURAS Y PATATA —


Se inician al sexto mes.

Descartaremos todas aquellas que poseen un alto índice de nitratos, nitritos y nitrosaminas; ya que dichos componentes se unen a la hemoglobina dentro del organismo impidiendo la oxigenación de los tejidos, pudiendo provocar un estado de cianosis por exceso de nitratos. En consecuencia evitaremos en un principio las espinacas, las acelgas, la remolacha, la zanahoria y los nabos.
Si las verduras no son ecológicas deberíamos desechar el caldo de su cocción, ya que es ahí a donde van a parar todos los pesticidas y tóxicos contaminantes.

Las de primera opción serían las judías verdes, el calabacín y la patata.
Evitaremos las crucíferas para disminuir la posibilidad de flatulencia, por tanto dejaríamos para más adelante opciones como la col, la coliflor, la lombarda o el brécol.
Tampoco comenzaremos por las llamadas aromáticas como son la cebolla, el ajo, el puerro o el espárrago; ya que podrían ser rechazadas por su sabor y además disminuyen la presión del esfínter esofágico pudiendo provocar reflujo gastro – esofágico a edad temprana.
Lo ideal sería no añadir sal a los purés, pero sí una cucharadita pequeña de aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío, en torno a unos 5 mL por ración y siempre en crudo en el último momento. Este detalle mejorará el sabor de la crema vegetal sin necesidad de recurrir a la sal y además aportaremos una dosis muy saludable del ácido graso monoinsaturado oleico, propio de la aceituna.
En consecuencia a través del gran abanico de verduras aportaremos, a parte de vitaminas y minerales, la dosis de fibra diaria necesaria para un adecuado funcionamiento intestinal.

— CARNES —


Se introduce igualmente al sexto mes de vida.

La carne de primera elección debería ser la de pollo, que entra dentro del grupo de las blancas. Además deberíamos evitar la parte grasa, desechándola previamente a la cocción, por tanto daremos preferencia a la pechuga o el muslo y en todo caso sin piel.
Lo ideal sería que fuera de origen ecológico, debido a la gran concentración de toxinas que acumulan los animales terrestres dedicados a la gran sobreproducción cárnica. Y ya que necesitamos cantidades de carne muy limitadas, no supone un gran gasto económico para nosotros y sí un gran beneficio para la salud de nuestro hijo en sus primeros inicios de vida. Ellos son mucho más sensibles que nosotros a todos los químicos añadidos hoy día en los alimentos que consumimos a diario.
Debemos evitar siempre las vísceras, sólo de forma muy esporádica, ya que contienen alta proporción de grasas y también de colesterol. Si queremos ofrecerle un poco de hígado de tanto en tanto no tendríamos que hacerlo hasta como mínimo el primer año.
La ingesta comenzaría en pequeñas cantidades, en torno a unos 10 gramos dos veces al día (20 gramos/día), que equivale a dos pulgadas en volumen. Mantendremos esta cantidad hasta el primer año y, consecutivamente, hasta el tercer año la cantidad límite sería de 50 gramos al día.
La porción de carne se tendría que acompañar siempre de una proporción complementaria de verdura, por ejemplo todo ello triturado en una crema casera.
A través de la carne aportamos proteína de alto valor biológico y minerales fundamentales como el hierro y el zinc, aunque el zinc ya lo encontramos en otros sectores del abanico alimentario.

— PESCADO —


El más alergénico es el azul, por lo que en primer lugar optaremos por el pescado blanco, que se introduce a partir del noveno mes. El azul lo dejaríamos para el inicio del primer año.


Siempre ha de ser sin espinas, por el peligro que éstas suponen tratándose de niños muy pequeños. Puede ser triturado o bien directamente desmenuzado con las manos y acompañado de unas verduras al vapor de textura blanda, fáciles de digerir para su edad. Nosotros somos los que más conocemos a nuestro hijo y sabremos actuar según cada momento, así sucesivamente iremos evolucionando.
El pescado le aportará una elevada concentración de fósforo necesario para el desarrollo del sistema nervioso central y otros minerales como el calcio y el magnesio. Así mismo vitaminas, sobretodo del complejo B, grasas poliinsaturadas de gran importancia como el omega 3 DHA y por supuesto proteína de alta calidad similar a la de la carne.

— HUEVO —


Se comienza por la yema porque tiene mayor proporción de grasa que de proteína y es ésta última la que va más ligada a los problemas alérgicos. Por tanto la yema a los nueve meses de vida y la clara más adelante, en torno al año, cuando se comienza a introducir paralelamente el pescado azul.


En todo caso ha de ser previamente cocinado, nunca crudo, debido a la presencia de avidina que inhibe la absorción de la vitamina B8 llamada biotina. Este compuesto en cambio es desnaturalizado con la presencia de calor al ser cocinado.
Por lo tanto, puede hacerse cocido, en francesa o incluso a la plancha cuando vaya teniendo un mejor manejo de los alimentos sólidos.
Con cuidado en todo momento de que no se atragante con trozos demasiado grandes o partes del alimento menos tiernas.
El huevo nos proporciona grasas esenciales para el sistema nervioso periférico, vitaminas importantes para la formación de la médula ósea como la B12 y otras liposolubles como la A y la D. Además constituye otra fuente importante de hierro tipo hemínico, que es el de más fácil asimilación.

— LEGUMBRES Y SOJA —


Ya que constituye uno de los sectores más complicados de introducir, no debería comenzarse hasta que el niño alcance como mínimo los 18 meses, es decir, en torno al año y medio de vida.

En el caso de los vegetarianos la legumbre será su fuente proteica en substitución de la carne o el pescado. Por tanto, en este caso, debe ir siempre complementada con una proporción correcta de cereal para lograr una proteína del mismo valor biológico que la animal.

Igualmente, en padres veganos (que no toman tampoco ni leche ni huevos), la leche de los primeros 18 meses sería la adaptada y partir de esta edad se cambiaría a la leche de soja, ya que es la más similar nutricionalmente a la de vaca. Pero esta leche de soja no debería introducirse antes ya que, a parte de los problemas de intolerancia a la legumbre, puede provocar enanismo en el niño por su alto contenido en isoflavonas. Además podría activar genes de crecimiento sexual femenino con el desarrollo secundario de las glándulas mamarias. A partir del año y medio estas contraindicaciones desaparecen, eso sí, siempre que la leche de soja venga con el certificado de agricultura ecológica y el sello registrado de no transgénica. En caso contrario, no se aseguran sus beneficios y la leche de soja podría contener elevadas cantidades de hormonas y genes modificados artificialmente, ambos factores responsables de múltiples trastornos en nuestra salud a largo o medio plazo, más si se trata de niños, ya que su organismo es mucho más influenciable.
A través de las legumbres aportamos una gran dosis de proteína vegetal, además de fibra dietética, minerales como el potasio y vitaminas del grupo B, especialmente ácido fólico o B9.

— YOGURES —

Debido a que se considera un alimento predigerido puede adelantarse a la leche, la cual no se introduce hasta alcanzado el año. Los yogures, en cambio, se inician al octavo mes.

Otra buena opción es el kéfir, un fermento similar al yogur pero con múltiples propiedades añadidas, ya que se trata de una levadura, en vez de una fermentación bacteriana. Es otra manera de aportar un lácteo a nuestro hijo de manera consciente. Lo podemos adquirir ya preparado o incluso elaborarlo nosotros mismos si contamos con los gránulos del propio hongo.

Principalmente aportaremos proteínas lácteas como la caseína, hidratos de carbono como la lactosa, neurotransmisores como el L-Triptófano y, su virtud fundamental, un correcto reequilibrio de la flora intestinal.

— FRUTOS SECOS —


Dentro del grupo de los vegetales son, junto con las legumbres, los más proteicos, por lo cual no se introduciran hasta haber llegado al año de vida, debido a su alto índice de problemas alérgicos.


Por su parte los frutos secos nos aportan sobretodo proteína vegetal y al mismo tiempo grasas muy saludables para todo el desarrollo hormonal y muchos otros procesos de crecimiento. Destacando también su gran aporte de potasio, oligoelemento de gran importancia para el correcto funcionamiento cardiaco y todo el sistema de coagulación sanguínea.

— AZÚCARES —

No deberían elegirse en ningún momento, al igual que las golosinas y la bollería comercial. 

Tampoco la miel sería una opción correcta, puesto que perjudica gravemente el esmalte causando caries con mayor frecuencia que el azúcar por su consistencia pegajosa, además posee una gran concentración de bacterias como el clostridium botulinum y otros hongos productores de diversas alergias.
Las mermeladas no deberían llevar nunca azúcar añadido, para ayudar a la educación del paladar del niño a través de los propios sabores naturales del alimento en sí.
Tampoco el chocolate es una opción a tener en cuenta debido a su contenido en cafeína, la cual excita al niño en mayor proporción que en los adultos aunque sea a muy pequeñas dosis de café ingerido. Podemos sustituir en todo caso el cacao puro por harina de algarroba, y elaborar así nuestros propios postres caseros con ingredientes de calidad.

Es importante destacar que el azúcar crea adicción de forma similar a la llamada “comida rápida” o “fasta food”. Por lo que en vez de, por ejemplo, optar por los yogures con azúcar deberíamos dar predilección a los naturales o bien que incluyen frutas frescas añadidas por nosotros mismos. En el caso de de la bollería la podríamos substituir por fruta desecada o bien, más adelante, por un puñado de frutos secos. Y por ejemplo el pan refinado podría tener como alternativa más saludable una tostada integral de centeno o espelta con aceite de oliva virgen extra o con una fina capa de hummus (paté de garbanzos), alimento que les encanta y les aporta mucho nutricionalmente.
En conclusión, vemos que el aporte de este sector sería nulo, provocando en cambio daños a la salud de nuestro niño, además de afectar a la introducción del resto de alimentos importantes. Produce además desequilibrios emocionales y, como dato más destacable, causa graves problemas de obesidad infantil, desgraciadamente en aumento en nuestra sociedad a día de hoy.

— AGUA —


El agua en primer lugar procede del mismo pecho materno, solamente en situaciones especiales como diarrea o épocas de calor muy intenso se ha de añadir una pequeña aportación extra de agua mineral natural.

A partir del sexto mes ya introduciríamos el agua en sí misma, enseñándole primeramente a saber pedirla antes de llegar a detectar la sensación de sed.


Al mismo tiempo le mostraremos como ha de beber usando el vaso. Hemos de ser conscientes de que el niño tiene mayores necesidades de hidratación que un adulto ya que el tanto por ciento hídrico de su organismo es más alto, por ello su demanda de agua debería ser también más elevada.
Así mismo podemos infusionar el agua con diferentes plantas u otros aromas naturales que le aporten sabor al agua, y a la vez potencien las propiedades del líquido ingerido. Olvidándonos de los zumos, ya que la fruta ha de aportarse entera o triturada en todo caso.
Sin olvidarnos en ningún caso de enseñarle a beber agua fresca, en su estado primario.
Como bien sabemos, el agua aporta hidratación a nuestras células y por tanto es necesaria para todo el conjunto de reacciones metabólicas indispensables para la vida.

Esquema resumen

Hasta los 4 meses Leche materna
Desde el 5º mes Cereales sin gluten
Frutas
Al 6º mes Verduras y patata
Carne hasta 10-20 gr/día
Agua
Al 7º mes Cereales con gluten
Al 8º mes Yogures
Al 9º mes Pescado blanco
Yema de huevo
Al 12º mes Carne en mayor cantidad
Pescado azul
Clara de huevo
Leche de vaca
Frutos secos
Al 18º mes Legumbres

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